MR. AWSOME O'GRUBBS
Había una vez un dragón, pero no un dragón malvado, de los que echan fuego por las fauces y portan frías escamas verdes, tornasoladas, e iridiscentes, hermosos por su terrible belleza, que con la cola tiran abajo muros, que con el batir de sus alas destruyen las altas torres de los castillos, o que con esas mismas bocas se toman toda el agua de los estanques, a fin de calmar su sed.
Pues no, este dragón era un dragón retacón, canijo, enclenque, pequeño y de cuerpo macilento, con alas que de tan poco desarrolladas, eran diminutas, imperceptibles y con una cola que de tan delicada y corta pasaba totalmente desapercibida..
En fin, este era, pues, un dragón que prácticamente reptaba, con un tranco pobre y desgarbado.
A este dragón se lo conocía con el nombre de Mr. Grubbs, porque en realidad era más
un bicho casi insignificante, que un verdadero dragón. Pues vamos, era casi, casi, la larva
de uno de esos lepidópteros, que causan estragos en las encinas, esos árboles de la familia de las fagáceas, de dura madera, conocidos como " brucchæ".
Por supuesto que todos sabréis qué son los lepidópteros, son esos insectos que tienen dos pares de alas cubiertas de escamas muy tenues y boca chupadora, como las mariposas,
razón por la cual se sentía más a gusto con estas últimas que con los verdaderos dragones de pura cepa y asimismo tenía una gran amistad con las lepismas, esos insectos tisanuros muy pequeños, de cuerpo plateado y abdomen terminado por unas cerdillas articuladas, común en Europa y América, que roen el cuero, el papel y el azúcar, mas conocidos por el simpático nombre de "pescaditos de plata", los cuales nadan entre los húmedos libros que se encuentran en las bibliotecas.
Además, nuestro querido Mr. Grubbs se sentía mucho más feliz, yendo al Museo de Historia Natural, en el sector de animales marinos, de ríos, lagos, albarizas, albuferas y lagunas, pues allí era donde se encontraba la piscina del simpático Axolotl, más comúnmente llamado ajolote, ese animal anfibio de México y de América del Norte, cuyo aceite fue utilizado en otro tiempo como sustituto del aceite de hígado de bacalao, tan repugnante para los más chicos.
Ahora bien, nuestro querido Mr. Grubbs, como podéis observar era más amigo de esos pequeños bichos, algunos de los cuales pululan las bibliotecas, que de sus congéneres los grandes dragones.
Es así que al frecuentar tanto el Museo de Historia Natural, para hacerle la visita reglamentaria al ajolote, en su cárcel de cristal, como la Biblioteca Nacional que guarda incunables de diversas partes del mundo y que cuenta con uno de los cuatro ejemplares del Necronomicon y el único manuscrito existente de las Olrem Chronicles, para charlar con sus amigas las lepismas, se hizo afecto a la lectura, lo que lo convirtió en el primer dragón rico en sabiduría y presto a la enseñanza de los conocimientos acumulados por la humanidad durante siglos y siglos, ya que como es de público conocimiento, todos los demás dragones son reconocidos mundialmente como ricos en oro, joyas y piedras preciosas, y avaros con ese patrimonio.
Como os podéis imaginar su aptitud de desprendimiento lo generó muchos amigos, pero por supuesto, le gestó más enemigos que amigos, toda esa gente (es decir toda esa calaña de dragones, que han infectado e infectan el planeta tierra, pululando por los cuatro rincones terráqueos), envidiosa, mal intencionada y soberbia.
Es así que, la Dragonidad le declaró la guerra total, y lo separó de por vida de su propia comunidad, impidiéndole votar en las elecciones generales de los dragones, exponer su buen juicio, asistir a las reuniones que se realizaban todos los primeros Martes de cada mes, en la Cueva Dragón, cuya entrada principal se halla ubicada en las famosas Mammuth´s Caves de Estados Unidos. Y con ello perdió todos los beneficios habidos y por haber, que os podáis imaginar o no.
Atento todo ello, nuestro buen dragón, se fue quedando cada vez más solo en este Valle de Lágrimas, pero él sin embargo al principio no lo notaba, en razón de que se encontraba tan inmerso en el estudio de antiguos manuscritos, de piedras arcaicas, de pinturas rupestres milenarias, cuyos originales están diseminados por las cuevas de todo el mundo, que todo ello le ocupaba la parte más importante de su tiempo, y por ese mismo motivo, a veces hasta se olvidaba de comer.
Pero, al transcurrir del tiempo, vio que únicamente podía comunicarse con Bathurst el dichoso ajolote, con Witiza, el bendito lepisma, amo y señor de todos los lepismas del mundo y con dos nuevos amigos que adquirió, Lampiro, la diminuta luciérnaga, que llega en las tardes de verano, para competir con su luz, con las estrellas, y Pulex, el más famoso de los afanípteros, es decir, la por todos conocida vulgarmente como pulga.
Allí se dio cuenta que solo era importante para esos dimunutos seres, tan despreciados por los humanos como por los animales, de todas las razas, credos, religiones, ideas políticas, costumbres, etc, etc.
Entonces, aun a pesar de que su mundo era tanto más rico que el del resto de los dragones, se sintió muy infeliz.
Es así como comenzó a sufrir. Ya no era que se olvidara de comer, sino que directamente, no quería comer. Si lo vierais. Era solo piel y huesos, y si bien los españoles dicen "hay que ser magro, sólo piel y huesos", Mr. Grubbs, ya era un pellejo que ni caminaba, solo se arrastraba por las aceras, aislado y desconsolado.
Pero, he aquí que, sus amigos Witiza , Pulex, Bathurst y Lampiro, se compadecieron de él, y sin que lo supiera formaron la Sociedad de los Bichos Raros, y por unanimidad lo nombraron presidente de esta Nueva Asociación sin Fines de Lucro.
Finalmente, estos cuatro genios le enviaron a su casa una pomposa misiva en la cual lo invitaban a hacerse presente sin mas dilación,en los sótanos del Museo Zoológico, sin dar demasiadas explicaciones sobre el particular.
Y hacía allí, el compungido dragón se deslizó, sin muchas ansias, pero en agradecimiento de que por lo menos se acordaran de él.
Ahora bien, cual no sería la sorpresa que se llevó, al encontrar toda clase de bicho desahuciado: larvas, pulgas, mosquitos, cresas, piojos, liendres (sus diminutos hijos), ciempiés, escarabajos, cárabos (esos hermosos coleópteros de alas verdes), cantáridas, periplanetas, brugos, gusanos, gochos, escolopendras, ciempiés y un largo etcétera, que lo ovacionó al unísono, no bien ingresó al diminuto anfiteatro que habían formado sus buenos amigos.
En ese instante se dio cuenta que había encontrado su "tribu", ya no sería más un "Robinson del Alma", ya tenía un grupo al que le podría dedicar parte de su tiempo.
No obstante ello, cuando finalizaron los aplausos, le dirigió a esa fraternidad de nuevos amigos las siguientes palabras:
"Queridos y estimados contertulios, yo les agradezco todo este trato deferente, pero sinceramente no creo ser merecedor de tan digno cargo, solo me conformo con pertenecer a esta pléyade de seres y trabajar desde el llano, en aras de un bien común, dado lo cual, dedicaré el resto de mi vida a la enseñanza de vuestros hijos"
Y así lo hizo, desde ese momento y hasta el fin de sus días, se dedicó sin desmayos a la enseñanza de los mas pequeños.
Cuando al cabo de sus días partió al Undiscovered Country, del que tanto nos hablaran Shakespeare y Arthur Machen, lo hizo con un dejo de tristeza, pero a la vez con la calma alegría, y la alegre calma de haber sido útil a los demás. Y si en verdad que el mundo quedó un poco más pobre con su ausencia, paradójicamente su recuerdo logró despertar nuevas ideas y nuevos pensamientos, y aglutinar aún más a todos aquellos parias que lo rodearan en su momento, y su memorial fue llevado a lejanas fronteras, a extraños confines, a remotos universos, a distantes edades, por siempre y un día más .JEB - 27 y 28/05, 14/07/03, 23/01 y 10/05/04)