A MI DHARMA

Hoy es el primer día del resto de mi vida, en el cual no estás,
Ya extraño tus caricias, tus ojos tiernos, tu alegría,
Ya no esperarás mi llegada,
Ya no comenzarás a añorar mi partida.
Pero no quedas tu sola.
Yo seré el que amasaré soledades.
Adiós, adiós Dharma querida.
Te llevas contigo, a ese reino remoto sin orillas,
Todas las preguntas,
Todas las respuestas.
La vida no tiene sentidos,
La vida es un continuo desgarrar.
Una lucha por el próximo instante.
Ese instante que nos acerca más y más a la muerte.
Escucho la radio.
Música Fúnebre, del Ocaso de los Dioses.
Nunca mejor programada.
Ahora es cuando la necesito.
En este momento,
Con los acordes rememoro “Excalibur”.
No, no estarás más en este mundo, Dharma,
Me esperarás en la Gran Frontera,
En El País Escondido.
Ya veo,
Ya diviso,
Con esta música terrible,
La llegada de la barca de la muerte.
Si la barca que llevó a Arthur.
La barca que te llevó también a ti.
Es que acaso hay un cielo para los canes?
O no hay nada.
Nada para ellos,
Nada para nosotros.
Estamos todos tan solos.
Porqué este penar?
Las trompetas me hacen derramar lágrimas.
Lagrimas de impotencia.
Lágrimas de duda.
No, no hay nada.
Y nos aferramos a todo.
Y no nos llevamos nada.
“Nunca ningún Bhuda enseñó nada a nadie”.
Así dice el místico.
“Nunca nada sirvió para ninguna cosa”,
somos todos polvo y ceniza
somos barro y nada.
La vida es una lucha perdida antes, aún,
de la partida.
Y todos estamos desamparados.
No hay salvación.
Hay solo sombra y olvido.
Lento declinar
Y olvido eterno.
Como dice la Biblia,
“Que es el hombre sino una brizna del campo.
Una brizna que se lleva el viento”.
Somos como nos dice Shakespeare,
“Sound and Fury,
Signifying Nothing”.

JULIO
06/08/04

 

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