Yehudi Menuhim interpretando a Johann Sebastian Bach
Escucho la orquesta.
Escucho el violín maravilloso de Menuhim
Es verdad lo que siempre se dijo:
“Bach es una catedral musical”.
Su música va ascendiendo vertiginosamente,
En volutas,
Al cielo.
Se encuentra con D’s.
Ya nada más importa.
Música atemporal.
El lamento del violín mayor
El pesar de los violines
me recuerdan a Verlaine:
“les sanglots longs
des violons
de l’ automne
blessent mon coeur
d’une langueur
monotone”
La melodía se mece y nos mece.
Nos arrulla,
Nos acuna como una madre.
Todo armonía.
El violín es todo uno con la orquesta.
Graves,
Agudos,
Bajos,
Todos los sonidos,
Todos los acordes todos.
Como decía Cansinos Assens:
“D’s mio, que no haya tanta belleza”
La música nos golpea en el alma,
Esa cierta forma del cuerpo,
Esa materia.
Estremece ese sollozo del violín,
Estremece hasta el mesenterio,
Hasta los redaños,
Hasta lo más profundo del omento.
Los pliegues del peritoneo lo sienten.
Es el Mesías que se aproxima,
El Mesías que llega
Al conjuro de Elías,
Y de la mano de Bach.
Contrapuntos instrumentales.
La onda sonora se hace profunda,
Grave y profunda.
Se torna lenta, la refinada melodía.
Como nos decía Federico,
“Haced un bosque sonoro / con vuestras flautas...”
Oigo un bosque de sonidos.
Ahora es un bosque musical umbrío.
Húmedo.
Llegan las celliscas.
Se descubre el invierno.
Se divisa el cuerpo cerca del fuego,
Huyéndole al frío.
Es sobrecogedor lo que nos trasmite esta melodía.
Todo violín nuevamente. Todo Menuhim.
El violín mágico nos habla,
Pero somos tan torpes que no entendemos su idioma.
No obstante nos sobrecoge ese lamento.
Nos lacera el corazón.
Nos mistifica.
Con el violín plañe también Yehudi.
Que sentirá en este tiempo pasado
Mientras interpreta al genio de Eisenach?
Otra vez es triunfante el sonido.
Otra vez campea la alegría.
Otra vez nos llama para que nos levantemos.
Para que nos levantemos y marchemos.
Toda la orquesta en pos del violín de los dioses.
Todos nosotros en pos de la orquesta.
Ese violín al decir de Zitarroza es una:
“Mariposa marrón de madera”,
como el violín de Becho.
Mariposa que vuela alto.
Mariposa que se funde en luz.
Mariposa que toca lo más alto de la esfera celeste.
Mariposa que huye rauda,
Para ser una con el creador.
Y lo logra,
Ya!
En este final majestuoso.
Ya no es más ella,
Ya es una con D’s,
Ya está en el plano de las ideas.
Ya perdió el ropaje de las formas.
Ya impera eterna.(Sensaciones percibidas esta tarde, por mí, al escuchar el Concierto para violín, cuerdas y continuo en Mi Mayor, de Johann Sebastian Bach interpretado por la Orquesta de Cámara Inglesa, dirigida por la batuta de Sir George Malcolm, y Yehudi Menuhim en solo de violín).
Julio Enrique Brugos
06/07/04