Impresión al escuchar a Beethoven interpretado por la batuta de David Oistraj con el Violín Mágico de Yehudi Menuhim
Escucho los acordes,
Me transportan,
Me llevan,
Me deslizan a otras tierras y a otros tiempos.
Todo es paz,
Si, paz, pero paz creativa.
Paz de trabajo.
El violín es una madera musical.
El arco magistral se desliza sobre sus cuerdas..
Una belleza hecha música.
Sí, una catedral musical.
Una sinagoga de melodías,
Una mezquita de arabescos sonoros,
Un templo de pórfido alado.
Pórfido convertido en música.
Cuanto amor se nota entre los tiempos.
Amor inflamado,
Como el de los querubines.
Como el de los serafines,
Esas benditas serpientes de fuego.
Veo la zarza ardiente.
Diviso el Monte Moriah.
La Ierushalaim celeste comienza a descender.
La música asciende para que la ciudad maravillosa
Una se haga con nuestras babélicas urbes,
Tan necesitadas de Amor.
Tan vacías de desapego.
Tan llenas, tan henchidas de pobreza,
De suciedad,
De odios y despojo.
Pero aquí desciende, gracias a la melodía eterna del grande,
De Beethoven. Del Sordo Sublime.
Todo lo cubre la Ciudad Divina.
“De civitate Dei”
Arpegios que se multiplican en arpegios.
Las tres Gracias,
Las tres Gracias del Cuadro de la Primavera de Rafael,
Sí, las tres Gracias hechas memoria sonora.
Que más.
Que menos y que más.
Alegría en la congoja.
No más tiempo, ahora estamos en la Eviternidad.
JEB 13/07/04