Pobre Don Cheguín, qué estaría pensando de nosotros cuando lo mataron.

Estaba totalmente deprimido y he aquí,
Comienzo a escuchar los conciertos Brandenburgueses
El número tres,
Del Genio Mayor,
De Johann Sebastian Bach.
Y la alegría llama a mi puerta.
Adiós melancolía,
Hasta nunca pensamientos atrabiliarios.
Impera la música maravillosa de un mago.
No hay aflicción que valga.
No hay dolores,
No hay penas ni males.
Se esfuman todos los pesares.
Sucumben la tristeza y el desánimo.
Que nunca acabe esta hermosa sensación de paz.
Que reine siempre este arrullo de los Dioses.
Los sones desgranan dulzura, fuerza y placer.
Se ahondan,
Se agitan,
Se unen y se disgregan.
Una única línea une todos los sones,
La Fe en Dios.
Se suceden sin solución de continuidad.
Se hermanan en la sombra,
Se acercan en el espacio sin tiempo de las notas.
Todo dolor acallan.
Solo contamos con el Amor.

Julio Enrique Brugos
31/09/04

 

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