WINTERREISSEEscucho los Lieder de Schubert.
Me dejo llevar por la triste melodía del gran romántico,
Este es un viaje hacia la nada.
Es el mismo viaje hacia la nada que emprendemos todos.
Todos desde el primer aliento vamos zum sterben.
Lo ocultamos continuamente,
Pero sabemos que indefectiblemente todo acaba.
Penas y alegría no son nada.
Auf dem Flusse, der Linde...
Veinticuatro Lieder.
Veinticuatro flores del adiós.
El poeta, el músico, el caminante y el cantor,
Se adentran hacía ese País tan Temido,
Se acercan a la etapa final de la vida.
Nuestra existencia es sólo una parábola.
Un extraña parábola que dura minutos y luego no es más.
“Mein Herz...” nos recita el cantor
acompañando con su voz ese piano
ese piano que desgrana notas declinantes.
Ese piano maestro tocado con triste maestría.
No hay consuelo en mi.
No hay contentamiento.
Ese declinar está en mi.
La muerte me llama.
Oh, Dios, por fin descanzar.
Oh, Dios, por fin no ser más.
“Todos los ríos llegan al mar,
Todas las penas llegan a la tumba”.
Los Lieder se hacen más y más tristes.
La pena todo lo pinta.
Todo lo tiñe de rojo,
De rojo sangre del corazón.
La noche, la nieve, el pesar.
El piano acompaña nuestra desazón.
El wandern, el viaje interior está llegando a su fin.
Se suman los pesares.
Los cuervos graznan sobre los tejados,
Llega la legión de la muerte,
Ya no hay escapatoria,
Se agiganta la voz del cantor en su gravedad.
Todo se deshace, y llega la muerte final.
Julio Enrique Brugos
30-08-04