Alguien alguna vez recordó a, allá en el tiempo,
Alguien luego, los rastros que de Él quedaran cincelados
En el mármol del Pentélico inmortalizados en remotos pasados
Exhumó con arte, pasión, amor, desinterés y esmero:
“dos extensas piernas de piedra, sin tórax, que están en el desierto...”Algún otro, en algún tiempo ya lejano nos habló de Él, del eterno,
el sobervio, el magnífico
Maravillas nos habló del Invicto Sol, der unbesiegte Gott,
Nos describió Sus proezas sin parangón y nos dijo que Su Luz,
Potente, permanece allí (extática), en un cielo diáfano, presente y sagrado.Alguno más también, en una edad muy, pero muy distante,
En sus nueve bellos libros, alfaguara inagotable de hermosuras,
Nos entusiasmó, con la descripción magnífica del muy noble,
Del muy recioel dios de los tracios, ubicuo y fugaz,
Ya sin figura, ya sin rostro, ya sin rasgos, fuerte en distancias.Así también, algún filósofo famoso, de grandes pensamientos
Y de grandes penas, nos deleitó con el indescriptible, con el incólume
Conese nombre tan solo, que nos embelesa con su sonar,
Sonido broncíneo, sonido argentino, sonido potente y mordaz.
Fuente inagotable, manantial de frescas aguas, hontanar de brisa total.Yo aquí, más modesto, a ti invoco
el que una vez dijo:
“Yo Soy el que vino a Ser, y el que hizo que vinieran a Ser,
los seres que vinieron a Ser, yo vine a Ser en las formas de,
que vino a Ser In Illo Tempore, en el comienzo del Tiempo”.
A ti pues yo invoco y yo evoco, al dios de los siglos y de la eternidad.
A ti Escarabajo Dorado, a ti que nunca pasas. Siempre perenne.
A ti el que permanece desde los tiempos y hasta los tiempos.
¡Evo Eviterno, Oh, Evohé!
A timagnífico en tu salida, en el horizonte!
Julio Enrique Brugos
18/06/04 – 11/11/04