ULTIMO DIA DE MAYO
Sol matutino que se desgarra en frío.
Único y solitario Sábado,
que se nos va de las manos
y no se nos repetirá jamás.
Otoño de variopinto color,
Mayo irrecuperable de dos mil ocho,
abigarrado como el abrigado manto de José.Manto que será vendido con él,
con él y esa copa de oro oculto,
oculto en uno de sus bolsillos plenos de fetiches,
ídolos de terracota, tefilim, baalim,
amuletos queridos por él, como ese bendito vaso.(El, José, no sabe que alguna vez alguien,
Thomas Mann, lo describirá con todo amor).Manto que ya ha sido vendido en el tiempo.
Oro otoñal, que se derrama por el borde vasto,
del ataraceado cáliz.
Cáliz resplandeciente,
cáliz de la Última Cena.
Santo Grial celta,
que la inapreciable sangre de nuestro Jesús,
El Mesías, cobija.Roja flor autumnal,
Que del azul acerado, pasa a los múltiples ocres.
Sangre vertida una vez y para siempre.
Allí, en el Gólgota (Golgolet),
donde se yergue extraordinaria,
la maravillosa y terrible Rueda de Muerte y Vida.
La que enhiesta, erguida, yerta, impasible,
callada, nos ampara.Allí, cual solitaria y melancólica cruz.
Cruz solitaria junto a dos cruces.
Son tres las cruces (pero como diría Borges, esa es la tercera)
que nos regalan su sombra,
para ocultar ésta, nuestra tristeza humana,
y llamar a la alegría de la Novena Sinfonía de un sol hibernal.
Un sol de frío que derroche su calor sobre nosotros.Sobre todos nosotros,
sus hijos.
Y así,
Pueda iluminarnos y entibiarnos,
por los siglos de los siglos. Amén.
JEB 31-05 al 03-07-08