RECORDANDO A CIORAN

“La Muerte es lo más Sólido que ha Creado la Vida”,
nos dice Cioran en esta tersa línea;
y claro, pienso, es lo más concreto,
lo más tangible,
que la Vida nos ha generado,
no ha gestado.
¿Porqué?
Pués porque la Vida fluye,
se manifiesta en ondas, en sutiles movimientos,
en música, en sonido, en danza,
en grito y en guerra,
en gozo y odio.
En amor y en peregrinar.
Es continuo cambio.
La Vida es, vamos, un río pleno de peces
en continuo discurrir, migrar.
Siempre diferente su cauce,
siempre cambiando y cambiante.
Es una calle lateral,
una calle suburbana,
en la cual se arremolina el viento,
formando torbellinos
y en la cual vemos
desde nuestras ventanas,
como se agitan hojas, papeles, prendas de vestir,
colgadas en las azoteas,
como vuelan vilanos y florecillas,
moscas y jejenes,
y mariposas perdidas en ese meandro de casas.
Y recuerdo lo que me dijo algún amigo,
en algún momento, en algún lugar,
(es decir Luis Sebastián Stuart Pennington):
“El Bien es una Reflexión sobre el Mal.”
Bueno, pues:
“La Muerte es una Reflexión sobre la Vida”,
o ¿será al revés?:
“La Vida es una Reflexión sobre la Muerte”.

¡Oh, Muerte, lo único sólido,
cual muralla terrible que se alza,
incólume,
al final de la vida.
Del otro lado no queda nada del fluir de la Vida.
Del otro lado sólo quietud, paz, inercia.
Y rememoro:
“La Angustia es el Derecho que se Paga por ser Uno Mismo”
otro dicho, otra reflexión, otro apotegma,
de este, mi amigo.
Esto es:
“La Angustia como la angosta Muerte,
es el derecho o la obligación,
que pagar debe,
Aquel que Vida tiene, y reflexiona, filosofa, sopesa, piensa.
Aquel que lleva consigo Enfermedad de Muerte,
como bien hablara y nos dijera este
nuestro querido filósofo,
El de los Campos Santos, esto es: Kierkegaard.
Al término del derrotero de derrota, de la Vida,
Al fin del camino de nuestra Vida,
dejar debemos esta carnadura.
Y prepararnos a entrar, cuando ésta,
la puerta que nos lleve,
que nos introduzca,
al País del No Regreso (Kur-Nu-Gea),
al “Undiscovered Country” de Hamlet,
de Lucien Taylor,
esté abierta de par en par.
Cuando nuestro sudario de tránsito,
ya esté confeccionado.
Cuando nuestra carroza esté lista,
cuando nuestro pasaje esté pago.

Pobre, pobre pueblo mio.
Parado ante un muro ingente,
Erguido ante un pared monstruosa,
Enhiesto ante una muralla enorme,
a la espera de que los portones de bronce,
den paso a lo otro,
a la ignota “Otredad”


Julio Enrique Brugos 10/11/05

 

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